Le gustaba la copa en la que le sirvieron aquel vino rojo cereza, esbelta, transparente. Al levantarla pudo adivinar su rostro tras el cristal… La imagen desapareció cuando el destello de las lágrimas que conformaban la lámpara de araña de aquella sala llovieron en brillos platas sobre aquel caldo para disiparse en los rojos convirtiéndolos en tonos violáceos.
Volvía a la realidad por un instante ante aquel jurado mediático que daba
la sensación ponía en tela de juicio sus pecados…
Todavía tenía ese regusto poderoso que hablaba de su presencia. Al
primer sentido, pudo oler su perfume aromático. Aquello la trasladó de
nuevo hacia su rostro. Rozó el frío de sus carnosos labios para dejar que el
templado se apoderara de su garganta… tenía cuerpo.
Cruzó sus piernas en un acto reflejo, bajo el mantel nada
era evidente. Lo retuvo en las paredes húmedas dejándose cautivar por el
equilibrio potente de su dureza… Cerró los ojos cuando el deseo se hizo sentir bailando en su interior goloso, sabroso, notando aquel toque
dulce de la posesión, acariciada por los matices de su acidez una vez
estalló en su boca…
Apretó sus piernas, a la vez que sus ojos se abrieron y, un tímido suspiro se escapó de entre sus labios… ahora sí, lo tenía amarrado en su mente.
Debía trasladar sus
sensaciones, este año podría ser el suyo y el de ese vino maduro, pensó tras adivinar la
sonrisa lujuriosa de aquel miembro del jurado con el que había pasado la noche anterior, por un momento deseó que permaneciera en ese reservorio de placeres guardados bajo el sello del silencio.
matices
































