Parece que me voy a dar una garbeo por algún "lugar del mundo" soleado y veraniego, aquí a la vuelta de la esquina. Os leeré cuando regrese, el lunes...si, es que tengo que seguir con mi recuperación, no me dan mucha tregua "los fisios", aunque se que está mal que yo lo diga, yo me veo muy mejorada y estupenda.
Os dejo una música que recordé cuando ya publiqué y que me la trajo a la memoria el leer el post de Carmen Andujar, y son esos músicos callejeros que nos encontramos en todos nuestros viajes y que siempre nos dan una sintonía especial con el entorno.
Selva Negra, Heildelberg, siete de la tarde, julio de mil novecientos noventa.... dejémoslo en "y pico" unos tunos malagueños cantaban "clavelitos" en una calle comercial, empezamos a tararear y terminamos cantando con ellos con capa y bailando sevillanas, todo un espectáculo. ¡¡Que bueno es encontrarte con gente de tu tierra en algún lugar del mundo!!. Toda una contradicción, pero es así...
Recordar un aroma, una sensación, un momento, puede que eso me lleve hacia algún lugar del mundo en este preciso instante, no me hace falta más. Volar a través del tiempo hacia ese rincón donde siempre hay una vivencia, un camino dejado atrás o simplemente una cotidiana acción de vida que tan solo identifica un estado de ánimo o una buena nueva...
Siempre he pensado que la suerte estuvo de mi parte a la hora de conocer "mundo", conozco retales de culturas, países, costumbres. Lo que menos me gusta, "hacer el turista", lo que más he hecho ¡¡el turista!!. Mis viajes tienen día de salida, muchas lecturas y pocos mapas callejeros, en ellos abordo la posibilidad de fundirme con sus gentes y perderme entre calles, campiñas y paisajes en busca de tesoros que llevarme fijados en mi retina. He andado perdida, he subido montañas que me han sido casi imposible bajar, he callejeado, observado, esperado, he vuelto andado en círculos, pero cada vez que volvía sobre mis pasos pensaba que era por algo que olvidé ver y así era.
¿La sensación de paz?, en lo más alto donde tan solo una linea blanca delimita los espacios, y se rozan las nubes con los dedos, donde la respiración se acorta y el interior se llena de oxigeno cargado de buenas vibraciones. Allí me sentía la más minúscula materia en un mundo blanco, era como si el concepto de libertad perdiera su definición y llegará a su máximo exponente, por que el lugar te atrapa para enamorarte y no dejarte nunca escapar.
¿Un viaje deseado? el próximo, aunque todavía no hay destino se que lo afrontaré como si fuera el primero, eso lo sabe bien quien me conoce.
¿Una vivencia? las que me ofrecen los amigos que regresan de sus viajes, teletransportada imaginariamente a ese lugar, para mi desconocido, sabiendo que alguno de ellos me dará las pistas de hacia donde irá mi próxima escapada.
¿Un rincón? Todos fueron importantes y cada uno me ofreció alguna imagen o momento especial. Tal vez, muchos y ninguno, los límites nunca me gustaron, no delimitaré renovar mi ilusión cada vez que salgo con un destino cierto, siempre lleno de incertidumbres.
Ahora sé que tengo mundología, que no, conocimiento del mundo para eso me harían falta pies de plomo, corazón de piedra y la piel curtida. El mundo no es ese que andamos en entornos edulcorados preparados para el turista, es aquel que nos muestran a vista de fotogramas en pocos minutos en los diarios, donde está la realidad, aquella que nos ciega la vista pero nos hace mella en el corazón.
Esos son mis rincones del mundo, aquellos donde una sonrisa, un grito, un concepto de vida o un espacio de color , hace que se abra así el telón del mundo y su realidad.
Paquita subía los escalones de dos en dos, era una adolescente, pero disfrutaba con sus pequeñas rutinas.
Su cuerpo había cambiado pero su interior seguía siendo infantil, alegre y dicharachera así la conocían todos...
Todavía recuerda el día que entró por la puerta de casa y como un torbellino saludaba y gritaba al aire su llegada, su padre la paró en seco y le dio la noticia. El torbellino perdió fuerza y fue desenroscándose hasta quedar en medio de aquella habitación que se tornó sin luz y por momentos la aplastó con la fuerza de las grandes patas de un marsupial.
Habían pasado los años, aquella niña creció a-temporal, andaba siempre sumida en esbozos y melodías, que siempre la llevaban hacía la sesgada información que su padre le había dado de lo acontecido aquel día. Su corazón quedó desierto, tal vez su mecanismo se paró buscando ser niña de nuevo y poder recuperar el tiempo perdido cuando ella volviera.
Se movía en consignas dadaistas, entre libros, papeles, lienzos y bosquejos. Tenía su propia concepción de su mundo, el único que la acompañaba, ¿porque no revelarse?, ¿porque no hacer real lo que simplemente por venir impuesto es irreal?. Ya no era inocente, no entraba en milongas, aunque poseía un sueño, solo uno, algún día levantaría sus ojos del papel donde dibujaba sus ensoñaciones, para ver como su mamá la sonreía desde el pretil de la puerta, Paquita siempre le respondía cómplice, con sus ojos brillantes y su tierna e incondicional sonrisa, ahí justo en aquel sucedáneo se encontraba su irrealidad.
Aceptado el reto y llegando siempre justa de tiempo, os dejo mis palabras y algo más que cuando leí el tema planteado para esta semana me vino a la cabeza...
Son diez palabras con significados especiales, anécdotas, momentos vividos y gustos. Son queridas por lo que me ofrecen y porque el simple echo de leerlas o escucharlas me provocan esa vuelta atrás en mi memoria y me permiten saber que es mucho lo que he vivido.
Las lagunas empezaban a correr como ríos bravos en mi confianza por su sesgada información.
Los relojes sin agujas se pararon en una noche de luna llena y en ese momento supe que era"a-temporal".
Su inocente cara se iluminaba, y mientras yo esbozaba su sonrisa en papeles amarilleados por el tiempo, se me hacía mayor.
Milongas, blancas y de espuma, volaban como palabras al viento en absurdas conversaciones...
Dadaismo, provocando de lo irreal a lo irremediablemente real remueve tu interior y tú escepticismo, ¡¡anda, creéme!!
Mecanismo, mueve el mundo, el caso es que a veces pensé que el mio era "MADE IN CHINA".
Los sentidos volaban al viento cuando la melodía se susurraba en palabras.
Siempre me gustó esta palabra,socarrado, es el arroz pegadito y crujiente del fondo de la paellera...¡¡ummm, que rico!!
Marsupial, la usé mucho tiempo, normalmente cuando alguien me descolocaba en exceso, cosas de adolescencia.
Irrealidad, es un concepto nuevo, a veces me gusta ponerme en el centro de ella y vivir mi mundo interior..
Y la música que me hicisteis recordar con vuestra propuesta, ha sido todo un regalo volver a oírla.
Gracias..
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