-¡¡Voy a Bastos!!- dice Baltasar, en medio de la algarabía de aquel bar de barrio marginal, que hoy cambia su fisonomía de jubilados que distraen sus horas alrededor de un chato de vino y amigos, por una función muy especial...
Gaspar, anda, sírvete algo que Baltasar me da el día y yo voy a oros...- replica Melchor…
No me andes con prisas, que ando ajetreado con el cuerpo de pajes y me traen loco, a mi me da que van con dos copas...- le contesta Gaspar guiñando un ojo a los vejetes que celebran en la barra...
-¡¡Por cierto!!, María y San José, ¿dónde andan? – vocifera el pastor de ovejas, mientras se coloca el zurrón...
- Pues detrás de las cortinas dándose arrumacos el uno al otro, ya te dije que no era buena idea, están a todas horas en las mieles- contesta la lavandera que atusa y hace carantoñas al niño Jesús. La pescadera arregla su puesto y entre risas le dice a la otra- anda que ya les vale y el padre del nacido es Herodes, ¡¡a quién se le cuente!!...
Mientras, Herodes prepara el cuerpo de armados con sus plumajes en casco al lado de la muralla de cartón piedra, -le lanza una sonrisa y le dice - y tuyo...¡¡niña!!, tenemos los papeles cambiados en este sainete.
Sentada, la pequeña Isabel, observa lo que allí acontece sin entender nada, calla y espera ocupar su lugar en aquel batiburrillo. Con su pequeña manita metida en el bolsillo del abrigo, aprieta un montón de papeles que guarda pintados en colores, es su carta…Quiere entregársela a los Reyes pero le puede la vergüenza, no sabe como acercarse, ¡¡son tan grandes!!…-se dice-
Alguien la coge de la mano- ¡¡vamos pequeña que hay que colocarte en tú lugar!!, casi sin pensarlo, ella corre desesperada hacia los Reyes rompiendo el cuadro escénico y se dirige a Baltasar entregándole su carta. Este levanta la mirada y le dedica una sonrisa. La abre y lee ¿sólo pides una muñeca?- le dice sorprendido…
-Si, Baltasar, pero quiero pedir otra cosa ¿puedo? - él asiente, sonriendo por el desparpajo de la pequeña.
-Mi papá dice que ojalá le traigan un trabajo que está desesperado, eso quiero, ¿se lo traerá?
El silencio se hizo en aquel humilde local, donde unos vecinos se reúnen a hacer el día de nochebuena más grato, Baltasar, no sabía que decir, le guiña un ojo y entristecido, agacha la cabeza, mientras farfulla entre susurros y maldice los tiempos que corren.
Ella se sonríe, desplegando todo el brillo que la ilumina. San José rompe el momento, la coge en brazos y la pone en su sitio, ¡¡bien arriba!!. Todos se quedan mirándola, sin saberlo se había convertido en la protagonista de aquella función navideña. Isabel es la "Estrella de la Ilusión", la que ilumina el camino de los sueños y la esperanza...
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