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sábado, 27 de noviembre de 2010

De libros y sueños de "Matahari" (III)

Ante todo disculpas por romper el ritmo del relato, pero creo que en ese día debía  unirme al "No a la violencia de género". Aún así, muchas gracias a todos los que  pasáis  por  mi rincón, creo que os lo debo, y hoy con la tercera, termino estos sueños de lecturas de otoño, al menos por ahora...

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...En el club de Jazz, el "atrevido" chico le pide un baile, de fondo una cantante  de color interpreta una canción, él se levanta y le tiende su mano, el humo de los cigarrillos en el local y la oscuridad hacen el ambiente y la luz del escenario, que los ilumina, recrea la magia entre ellos.

La coge de una mano y pasa la otra por su cintura, se acerca y ella empieza a marcar los pasos de esa melodía lenta y cautivadora, él en su oído y casi susurrado le silba esa canción... Ella levanta su cara y lo mira a los ojos, todavía recuerda ese primer beso en aquel oscuro callejón donde la bruma y su humedad hizo su efecto, aquel donde acertó con un certero disparo a su corazón, desde entonces, todos los años desde no se que mil novecientos un veintiséis de noviembre, ella queda con él en ese club, como si de su primera cita se tratara

Cierra el libro, termina el té aún caliente y se recuesta en el sofá, cierta melancolía se ha instalado en ella, deja que el sueño se afinque  y va dejándose llevar...  la manta se hace segunda piel y ...

... La niebla tan solo deja ver las luces difuminadas de los coches, necesita saber que pasó esa noche, sin pensarlo más, se pone unos vaqueros, un gran chaleco de lana, su chaqueta de piel y decide ir, hay poca gente en la calle, la humedad se mete en su cuerpo, está intranquila, la cabeza llena de posibilidades, necesita saber si la realidad era lo que ella cree un sueño.

En la parada del metro, baja las escaleras, depara en todos los detalles, mentalmente recorre todo lo que fue aconteciendo. Llega a aquellos baños, algo la paraliza, decide entrar, y en ese momento, en el espejo un mensaje...

Se sonrío mientras leía... "Este mensaje es para ti, la única que lo entenderá, tengo tu tesoro, "plata y nácar" ¿un recuerdo familiar?, llámame..." al lado un teléfono. Llamó un chico encantador habló con ella, -le contó como fue todo-, "después de un certero golpe, por tu parte,  el dolor se afinco en mi entrepierna, eso me imposibilito correr tras de ti, solo quería devolverte aquel pequeño objeto que dejaste olvidado en el lavabo, pero te asustaste y la incongruencia se apodero de la situación".

Ella se disculpó, y él sin mas dilación, le pidió una cita para poder devolverle aquel maravilloso objeto.

Quedaron en un Club de Jazz, luces de neón, noche despejada,  ella llegó en taxi, con su vestido negro muy atrevido, sus zapatos de miles de centímetros, y su pelo suelto. Él la esperaba ,todo era tan diferente,  hasta él, se miraron, se sonrieron, y le entrego su "tesoro" al acercarse. 

"Culata de nácar, cañón de plata", ella sin dudarlo, lo mira coge un espejo de su bolso y se pinta sus sensuales labios, -se sonríe y le dice- faltaba un detalle...-el en ese momento la mira de arriba a abajo- ella se sonroja y él le dice, eres simplemente maravillosa...

... Hoy es veintiséis de noviembre de dos mil diez... ¿un certero disparo al corazón?...

Se despertó, de fondo se oía alguna canción de Casablanca, miró el libro, lo cerró y quito el marcapáginas... a la búsqueda de nuevos sueños de otoño.

Matices


martes, 23 de noviembre de 2010

De sueños e inquietudes de "Matahari" (II)


Ya en la calle, llovía, protegía su estudiado peinado, con un gran paraguas, buscaba un taxi, tal vez es mejor coger el metro -pensó-.  Bajaba la acera para poder acceder y ser visible a estos, levantaba su mano, sin éxito, era imposible. Deparó en su aspecto, sus pies mojados, su vestido, todo era un caos. Se dirigió hacia la parada de metro más cercana, bajó diferentes escaleras, subsuelos imposibles, el paisaje mutaba cada vez mas lúgubre y sucio... ella resplandecía  con su gabardina, al bajar dejaba ver sus largas piernas, corría...

Entró en el metro ya casi cerrando las puertas, respiró hondo... sacudió su paraguas y se recoloco un poco, todo era un desastre. En ese momento miró a su alrededor y la timidez se apodero de ella, es como si todos la miraran, bajó su mirada.

Una, dos, tres, la cuarta era la suya pensó ... deseaba salir de ese lugar donde los extraños clavaban sus miradas en ella, entendió que la hora no era la mas apropiada para estar paseando en metro. Al bajar en su parada, con paso garboso y decidido iba pasando los diferentes pasillos, subiendo escaleras, incluso se paró a escuchar al saxofonista y le dejó unas monedas, vio los baños, entraría a arreglar el desastre ocasionado, no se las prometía "de dulce", pero, no quedaba más...

Se observaba en aquel espejo estallado,  y a duras penas se pintaba los labios, curiosa no podía evitar leer esas paredes, tan artísticamente pintadas y sus mensajes, algunos ¿porque no?, atrayentes y morbosos, otros desagradables. El olor a desinfectante y la suciedad acumulada, las pintadas, le producían inquietud, agachó su cabeza para dar brío a su melena rizada y al levantarse y mirarse al espejo... alguien detrás de ella. 

Una sensación fuerte se clavó en su estómago, -sonrío y saludó-, "Buenas noches", no medió contestación, arrastró su mano hacia su bolso y se fue dando la vuelta, intentando parecer natural, el espacio era mínimo entre ellos- ¿me deja paso?- le dijo ella, él se sonrío, tembló, el miedo empezaba a apoderarse de ella. El coloco sus manos en el lavabo aprisionándola entre este y él ... en ese momento, todo era desagradable, los olores se intensificaron, los mensajes escritos en las paredes ahora le parecían grotescos y desagradables, las pintadas siniestras, presentía que desfallecía. Su mano libre de movimiento, se deslizó dentro de su bolso algo brillaba al fondo del mismo, cuando sintió que excedía el propio perímetro de seguridad y se acercaba  en exceso, "culata de nácar, cañón de plata".

Despierta, ya en casa, la gabardina en el suelo junto a  los zapatos, no recuerda nada.  Se levanta, el libro en la cama al lado de ella, está agotada, tiene la sensación de haberse pasado de copas, se dirige a la cocina enchufa la tostadora, coge unas naranjas y se dispone a hacerse un zumo, con él en la mano, sucumbe a la tentación de ver los destrozos de un deficiente descanso en su piel, va hacia el baño,  se mira en el espejo, el vaso cae al suelo, mil cristales, -se dice a si misma - no ha sido un sueño, clava su mirada en su bolso y... 

¿certero disparo?

(continuará)
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