Brillante, suave, cálido... lo recuerda así, a veces se pierde en las sensaciones, roza así el mundo de los sueños que logran llevarla de nuevo a reencuentros dibujados en nostalgias.
Por aquel entonces, olvidadas las ilusiones y los sueños quedaba romper con el ajuar, los símbolos que la trasladaban a los recuerdos, tal vez sea imposible- se dice- mientras repasa con las puntas de los dedos lo que durante algún tiempo fue lo que mas ansiaba... rotos los recuerdos la necesidad se perdería en el horizonte y el olvido.
Y de todo, hubo algo que quedó, la caja de pinceles... recuerda como la hizo, la calidez de la madera que ensambló y lijó hasta dejarla suave al tacto; los colores que eligió, el plata, brillante para el fondo y un azul intenso y profundo para la capa superior , después fue conformando los dibujos con un fino instrumento con el que arañaba suavemente, primero fue una luna a la que rodearía de estrellas, fueron tantas como infinitas hay en el cielo y por último, los barnices y sus brillos.
Siempre pensó que dentro de aquella caja se encerraban las ilusiones, fue la única que se libró de aquel desahucio impuesto, abandonada eso si, encerrando dentro de ella la posibilidad de estar alguna vez repleta de sueños por cumplir.
No había escrito porque no me ato a los objetos o al menos eso creía. Anoche leyendo algunos relatos, uno me hizo recordar que mi negación no es más que el olvido voluntario de algo que permanece porque yo así lo quise.
La he buscado necesita arreglos el tiempo y el olvido hicieron su trabajo, pero ha regresado justo cuando debía ser, porque vuelvo a perderme en la suavidad del trazo, en el brillo de los colores y en la calidez de los momentos...
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