jueves, 17 de noviembre de 2011

Este jueves, relato: El Grito de los excluidos

Por el cristal se deslizan  las gotas en carrera una tras otra golpeando en un silencioso caminar su memoria, su mirada vaga y nublada adivina que es así. Todavía no es de día, ha decidido levantarse pues las horas tendido en esa cama le pesan en los huesos y hacen que el dolor sea retorcido. Nunca ha conocido el descanso, nunca.

Eric sentado en su silla escucha el pitido de la cafetera, le recuerda, mal que le pese, al sonido de aquel tren anunciando su llegada al lugar donde su infancia no existió y  que lo llevó al sueño en tránsito. Se levanta de la silla con mucho trabajo,  día a día todo se conforma alrededor de los sonidos que pasados los años siguen dándole lecturas, su vida está escrita en ellos…

Al sentarse de nuevo oye el crujir de sus rodillas, los años no perdonan- se dice-  coge la taza y estira su brazo dejando su muñeca a la vista, es cuando sus ojos adivinan el dibujo difuminado que en ella permanece, siempre esboza una sonrisa, un guiño  al diablo que le hizo portador de un número y terminó  como posible perdedor en el trueque.  Cada paso que da le recuerda quien es, es el castigo de pertenecer al "Club de los excluidos", al sordo grito interior que hace mella en su corazón.

Sus recuerdos lo conforman la fila, los gritos, el miedo a lo desconocido y sobre todo "el secreto", ¿porqué nadie se lo contó?  era un niño en un lugar inadecuado- pensaba-. Recuerda a Matías, era músico, él se encargaba que una vez se hiciera la "selección" los niños corrieran al barracón, sus pies se clavaban en el barro y la dura carrera se hermanaba con el pánico al escuchar los lloros de los que iniciaban el camino hacia su "suerte" tras de ellos. Era entonces cuando aquellos niños asustados cantaban bajo la dirección inquieta de Matías. No acertaban a entender porque él se empeñaba y gritaba ¡¡mas alto, mucho más alto!!, sus gargantas subían el tono tanto que parecía como si la voz en cualquier momento pudiera quebrarse bajo esos agudos ensordecedores… Luego, aquellos ángeles estrellados, huérfanos en muchos casos, callaban extenuados por el esfuerzo y Matías, con la cara desencajada - les decía- ¡¡enhorabuena!! pertenecéis a un exclusivo club… el premio, los sonidos del silencio.

Ahora, con los años pasados conoce el secreto y porque su canto se convertía en grito protector, eran los excluidos de la "muerte dulce". Gritaba de miedo con la fuerza que este le daba. Sabía y conocía su estigma, tenía número de socio, un logo zurcido con forma de estrella de cinco puntas y un uniforme. Aún su corazón sigue gritando en la noche, y al amanecer cuando la sirena de la fabrica suena, él ya está preparado en la fila,  solo espera que alguien le cierre los ojos en un gesto dulce y poder descansar en paz dejando libre la plaza otorgada en tan privilegiado lugar.

Matices

Más gritos de excluidos en el Blog de Gaston

15 comentarios:

  1. No consigo aceptar ese hecho histórico, me revuelvo entre la veguenza y la rabia. Cómo se pudo llegar a hacerlo, y lo peor, cómo tanta gente miró hacia otro lado mientras todo eso ocurría?

    ResponderEliminar
  2. me ha gusatdo el jueves de verónica, pero por causas distintas...me ha gusatdo tu jueves, iguala, desde mis gustos al de verónica..ah, me faltan aún unos tres por leer...
    bien, el caso es que este relato tuyo emociona...y te diré el por qué sucede ello, al menos desde mi punto de vista...emociona por el deatlle ese de que se toma café y queda al descubierto su muñeca...es, parece una niemedad, pero, yo al menos, intuí que era el lugar del número...e imaginarme ese número en una persona anciana ya es como decir qué demonios habrá pasado en esta vida suya...tú nos la describes en brevedad...ya no me importa tanto ese descripción, pues de antemano se sabe ques y ha debido de ser horrible...me ha importado esa nimiedad, ese detalle que dejas como al albur..
    çmedio beso, matices hermosaza..

    ResponderEliminar
  3. Sí, concuerdo con Gustavo, el tuyo es el arte de emocionar sin necesidad de "contarla", apelando a un suceso conocido y emocionalidad asumida, vas directo a ese rincón de sentimiento universal y das de lleno, creeme!
    Excelente Matices, te dejo un beso emocionado y admirado

    ResponderEliminar
  4. Circunstancias como esas son las que me atormentan en noches de insomnio. ¿cómo pudieron darse atrocidades como esas?¿cómo se siguen dando -quizás- aún en algunos rincones remotos de este mundo nuestro?

    un abrazo

    ResponderEliminar
  5. Muy bien explicado un hecho del que teniamos que estar todos avergonzados, convertir a personas en simples números y ponerles esa estrella como forma de exclusión, vamos, una pasada y aberración; pero por desgracia sucedió,
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  6. Desmenuzado en cada detalle, en la atmósfera y los gestos, hasta que aparece esa señal que nos introduce en el horror y en la atrocidad. Es como si escuchara esos gritos, ese cántigo desesperado, muy alto, eterno.

    Matices, me has conmovido con este relato magistral, intensísimo. Un placer mi pinturita romana en tu avatar. Besitos muchos.

    ResponderEliminar
  7. Muchos años después,aún resuenan en sus oidos aquellos cantos desaforados,emitidos por los niños que, como él, escaparon de esa "muerte dulce", pero no pudieron huir, nunca podrán hacerlo, de sus horripilantes recuerdos, del vergonzante estigma que los marcó con una estrella de David y con un número, como si de reses se tratara.
    Sin duda, uno de los peores episodios de exclusión consentida de la Humanidad.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  8. Que bello y triste relato, que matiz más exagerado del color rojo, que bestialidad humana más vergonzosa.

    Muchas veces ,cuando pienso en ello, me parece algo de ciencia ficción, mi mente humana no acaba de medir con exactitud la espeluznante historia del siglo 20,que testimonia la miserable consistencia que concede el abuso de poder.

    Desgraciadamente, no se aprende de ello, actualmente se asesina impunemente a todo aquel que no da la mida completa de su existencia,por orden del capital.

    un fuerte abrazo

    ResponderEliminar
  9. Creas una atmósfera estupenda y dentro de ella presentas un personaje que veo resignado a ese duro pasado, a esa vida "marcada", en muñeca y alma.
    Me gustó, besos amiga.

    ResponderEliminar
  10. Como Neo, tampoco yo puedo entender esas atrocidades, y menos entiendo el que ahora a cuatro locos, les ha dado por decir que eso no ocurrió nunca. Como siempre me encanto tu relato, pero te digo más, me encantó verte en foto, ya para mí tienes rostro, lo que no esperaba es que fueras guapísimaaaaaaaaaaaa, ya se lo dije a Gus, gracias a él he visto las fotos del encuentro, me encantó verlas. Besitos guapa, y ahora lo digo con conocimiento de causa.

    ResponderEliminar
  11. sabes lo que de verdad me pone los pelos de punta? que sigamos siendo capaces de eso y más... un abrazote

    ResponderEliminar
  12. Leyendo Matices parece que estoy sentada junto a este hombre que recuerda y sigue sintiendo el terror muy dentro. Maravilloso texto.
    Pero un horror pensar que aquello ocurrio pero aún hoy continuan muchas personas sufriendo atrocidades semejantes.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  13. Joder Nieves, que descriptiva estabas en tu relato hoy, he percibido hasta el aroma del café.

    Besos incluyentes

    ResponderEliminar
  14. Un relato maravilloso y duro. Lleno de sensaciones perceptivas, que logras que atrape al lector y las sienta.
    Cómo pudo haber pasado eso? Todos nos preguntamos lo mismo. Si hubiera servido de algo al menos...Pero no, seguimos llevando al mundo hacia un triste destino, seguimos excluyendo, y dejando que pasen estas cosas, en número menor, pero es lo mismo.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  15. llego un poco excluido a comentarte...pero me encantó lo que escribiste! un besito! casi que me quedo sin palabras... la descripción es excelente!

    ResponderEliminar

Tu matíz...